jueves, 28 de mayo de 2020

Una vez más

Otra vez estaba viendo el celular a media noche y soñando con tener la suerte de Jenna Hamilton, pero no desperdiciarla ni ser tan activa en la vida sexual, en realidad, con nula actividad sexual.

Leer diferentes tipos de libros homosexuales me había alumbrado de alguna manera y me habían ayudado a definir mi orientación sexual, esta es la “Asexualidad”.

Me gustan los chicos, los de Hollywood, los de programas de televisión, películas, unos claros ejemplos son: el bellísimo Bill Harder, el demasiado apuesto para ser real Dacre Montgomery, que por cierto es mi nueva adicción, también estaba en la lista Tom Cruise y no negaría que todos ellos eran atractivos, hermosos, soñables y me sacaban suspiros como a cualquiera; pero no quisiera tener una profunda desvirgación de su parte si eso es lo que piensan.

Odiaba las relaciones sexuales explícitas, especialmente esas que salen, sin nada de sentido, en las películas Latinoaméricanas o en cualquier y estúpido momento incómodo con los padres. 
Las odiaba, porque eran heterosexuales en realidad, pero eso tampoco significaba que me sentía cómoda con relaciones lésbicas o transexuales o bisexuales o lo que sea que venga en el acrónimo que he defendido desde mi secundaria: LGBTIQ+ 

Era difícil explicar que sentía.
Me gusta un chico, me han gustado muchos, pero si alguna vez llegaba a tener una relación, imaginaria, con uno de ellos, ya sea física o sexual, quizás sentiría mucho asco.
Suena extraño, quizás lo es, pero eso era lo que malditamente sentía al imaginar algo más allá de un romántico beso o una tomada de manos.

No me gustaban las relaciones hetero, estaba claro, pero si lo hacían las gays, y hablaba de las gay entre chicos dulces que se aman por quienes son y no por el típico estereotipo de la pareja heterosexual americana perfecta.

Realmente los admiraba, su valentía, su fuerza y su amor puro lleno de obstrucciones que ellos superaban era increíble; pero mis papás no estaban de acuerdo con ello, especialmente si, cuando yo tenía quince años, mi mamá había descubierto porno gay en mi celular.

Fue horrible, ella lloraba como si yo habría cometido el peor error de mi vida y... yo solo ideaba una gran excusa en mi mente para que el problema no se viera tan malo.

Fue difícil ¿Sabes?
Veía el porno porque era pequeña, curiosa y, al parecer, me gustaba eso y no me daba tanto asco como un vídeo triple “x” entre un chico y una chica, lo que, según las palabras de mi madre esa noche, “... es normal y hubiera preferido que tengas videos de eso en tu celular”.

Yor supuesto que me había cuestionado acerca de lo que pasaba con esos gustos nada típicos, creí que me gustaban las chicas en un inicio, especialmente si estaba rodeada de dos de mis buenas amigas que eran lesbianas y andaban en secreto en la escuela. 
Pero pronto noté que tenerle miedo a una afirmación de la hipótesis sería totalmente estúpido, tener esa orientación sexual no era malo ni mucho menos algo que discriminar.
Aunque pronto confirmé que no era lo mio, pues en mi mente solo estaba el poder convertirme en un varón, con todas sus plenas características, para poder conseguir un amor verdadero con otro chico igual que yo.

Y como lo imaginan, pronto la idea fue ensombrecida y rota en mil pedazos, pues, a menos que creyera en la reencarnación, jamás me crecería algo demás entre mis piernas, por mucho que lo soñase u odiara ser mujer, además, poco a poco me dí cuenta que ser una fémina y no estar involucrada en un amorio no era tan malo.

La tranquilidad, asexualidad, amor por las parejas gays y el escribir historias de mi mente son lo mío.

Y no debía preocuparme por ello.

Oh, no

Hacer esto es un maldito cliché, pero, volver a ver una de mis series favoritas, “Awkward”, en estos tiempos, solo logró que hiciera expresa la idea y me pusiera a escribir sobre mi vida para desfogar aquellos pensamientos que tanto me seguían.
La ansiedad llegó a mi pecho hace dos noches, unas en las que me pasaba viendo series a escondidas en la cama y llorando por ellas. Eso, además de darme una adrenalina tremenda por el peligro de que mi madre ingresara y me descubriera, me hacia sentir sola, algo vacía y sin un propósito claro, porque estar estudiando Derecho en una buena universidad en mi ciudad no me parecía suficiente, en especial, cuando era ahora que me preguntaba si este era mi camino correcto o si era tarde para arrepentirme. Siempre había escuchado bromear a los de semestres superiores acerca de esas cosas, de querer cambiar su carrera cuando solo dos años habían probado en ella. Me parecía estúpido e insensato y ahora yo lo era también, porque sentía eso mismo con claridad, sentía esa leve incomodidad en el pecho de no estar haciendo lo que quería o, al menos, lo que necesitaba.

Me di cuenta de aquello cuando ví otra maldita serie. Quizás estaba siendo una estúpida por dejarme llevar con la trama de una Hollywoodense comedia e intentar ser yo la protagonista de una historia parecida, pero en verdad sentí la inspiración llegar a mi cerebro cuando, con algunos suspiros y unos besos en la pantalla, terminé la segunda temporada de “Barry”.

Él era un asesino, ¿No es así? La historia era básicamente de un asesino que, por azares del destino, había encontrado su pasión en la actuación, claro que salir del mundo de los disparos y fajos de dinero era difícil y contraproducente para el objetivo, pero muy a pesar de ello, Barry tomó todo lo vivido y, con ayuda de su maestro y otros personajes, logró sacar lo mejor de esto y el talento para interpretar textos con una flama intensa.
Sus recuerdos borrosos de la muerte, traición y demás eran un apoyo para poder sentir lo que el papel le decía que lo hiciera y yo, en verdad, quería experimentar aquello.
Claro que, mis recuerdos y pensamientos, no eran nada del otro mundo, no lo son. El máximo trauma que tuve en mi vida es ser poseída por un torpe espíritu que vivía en mi casa de ese entonces, no veía nada bueno en usar aquello para llegar a las pantallas y convertirme en la nueva Anabel de las portadas. Quizás debería contar esa historia más adelante.

El punto aquí, y el punto para iniciar esta estúpida fuga en letras, es que necesito ser algo más.

Yo me veo en el espejo e interpreto canciones a la perfección, muchas veces soy Britney Spears, Madonna, Eminem, David Bowie, Freddie Mercury, entre otras grandiosas imitaciones que hago en mi poca privacidad antes de darme una buena ducha.

También el ser cantante se me pasó por la mente, claro que mi voz no es una excelente, no es mala, pero tampoco diría que es buena para llegar a ser la nueva Reyna del pop, así que conformarme a hacer esos playbacks era mi destino.

Así que pensar en mí, a futuro, estando en una oficina con olor a Jazmín y unos billetes en mis bolsillos no sonaba muy bien. No me era desagradable, después de todo, mi pasión es la redacción, la oratoria y la justicia, pero realmente me gustaría terminar en una torpe novela del canal America y reír en fotos de redes sociales con mis co-estrellas.

Esos pensamientos me estaban molestando en mayor grado por esta cuarentena.
Debo admitir que no soy alguien antisocial, tengo amigos a montón, me llevo más que bien con la mayoría en mi Facultad, obviamente tengo roces diversos con quienes no me agradan, pero, según los que me conocen, soy una chica muy divertida y alegre.
Y los cito a ellos porque no quiero sonar presumida. Después de conocer historias de chicos sin una sola alma a su lado que tienen un refugio en el anime y las series, sabía que mi situación no era la peor.
Aunque si la sentía así.

Me había metido millones de historias de Wattpad en mi mente, y no esas típicas heterosexuales que aparentemente son normales, yo leía fanfics gays, de shipps innecesarios y que debían ser un secreto en mi celular.

Tan solo ayer había terminado uno muy bueno (no debíamos minorizar a esa gente que escribia en esta plataforma, créanme que lo hacen muy bien) era sobre una pareja que quizás nadie sabía que yo juntaba en mi sucia mente. “Stranger things” y sus personajes de Steve y Billy eran el centro de la obra que ne había hecho llorar por décima ves en mi cama.

Probablemente el drama era un factor para las lágrimas, pero sabía muy bien que la música que oía al leerlo era la culpable.
“Lessons in love” “I just died in your arms tonight” “Easy lover” y otras viejas canciones se reproducían en mis audífonos y me ponían en modo niña de cinco años, en un instante.

Las letras son de amor y rompimientos en su mayoría, era absurdo intentar justificar mi llanto diciendo que las sentía en mi pecho, porque nunca había tenido una pareja en mi vida y esa sí que era la razón, aunque no lo quisiera admitir.
Siempre me caractericé por no sentir nada, era feliz mientras mis amigas lloraban por sus chicos y yo solo comía todo lo que podía e iba a la universidad sin problemas.

Eso hasta que lo conocí, no fue algo nuevo, lo había visto mucho antes de entrar a la universidad, pero no creía que tendríamos tanto en común.
Los cómics, las películas frikis, los youtubers picapiedras y los videojuegos era todo en lo que ambos pensábamos y me gustó al instante, obviamente porque estoy una primeriza en esto, pero no podía evitar el sonrojarme levemente cuando me hablaba o reía conmigo, claro que el hecho de que el fuera el ex de mi antigua amiga era un problema, aunque yo diría que el más grande era que e un drogadicto de élite y que me tiene en la friendzone.

Sentir por primera vez un gusto tan fuerte, una duda en lo que hacía y un gusto por hacer algo en lo que no tenía futuro en mi país es mi gran problema.

1. No quiero estar en mi universidad, quiero ir a otra ciudad e ingresar ahí a una de ellas, o mejor aún, quiero irme del país y vivir en Estados Unidos.
2. Quiero aprender inglés lo más antes posible, quizás esté punto era el primero en la lista, aunque ya lo estaba haciendo por mí misma en estos días, no quiero perder mi tiempo hasta que inicien mis clases.
3. Quiero que la ficción me coma por completo y no me deje volver a este mundo, porque leer sobre amoríos entre chicos me ponía loca.
4. Quiero ser actriz y salir en la televisión.
5. Quiero dejar esos tontos sentimientos y seguir adelante.

No sabía si podía lograrlo.
Pero sí sé que estaré ansiosa socialmente de que alguien lea esto.